La fe y la familia
November 8, 2009, 6:33 pm
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Durante un buen número de años, me han pedido que predique en la iglesia que se encontraba cerca de mi lugar de trabajo, el domingo de la Sagrada Familia (domingo siguiente a la Navidad). Como trabajaba como enfermera con las familias de este lugar y ellas me confiaban a menudo sus inquietudes y problemas, los conocía bien, incluso estaba al tanto de sus necesidades. Algunos tenían parejas poco ortodoxas y temían la cólera de Dios. Eran buena gente para quienes la vida no era fácil y yo quería, mediante mi homilía, que supieran que Dios los amaba igual.
“Hace muchísimo tiempo – hace 4.000 años – había un hombre que tenía una esposa y un problema. Se le había prometido una herencia para sus hijos y para los hijos de sus hijos, una tierra extensa y fértil. El problema era que no tenían hijos y que la esposa era demasiado anciana para tenerlos. Su mujer tenía una esclava y se le ocurrió sugerir que ésta tuviera un hijo de él. Él aceptó. Tuvo un hijo con Agar, la sierva de Sara. Más adelante, Dios envió un mensaje a este hombre para decirle que su mujer también tendría un hijo el año siguiente, como ocurrió. De modo que ahora la familia estaba constituida por Abrahán, su esposa Sara, Agar, esclava de Sara, y los dos niños. Pero Sara tenía un problema. En efecto, el hijo de Agar, Ismael, era mayor que su hijo Isaac. De acuerdo con la ley de la tierra, aquél debería heredar todo. Sara acosó a su marido hasta que éste despidió a Agar y a su hijo.
Alrededor de una generación después, en el año 6 a.C., había una joven de 15 años llamada María, cuyo matrimonio había sido concertado con un carpintero de nombre José. Eran novios. Pero ella se encontró encinta y José no era el padre, una situación que produjo un pánico terrible. Ella decía que un ángel de Dios se le había aparecido, pero José no quería saber nada de eso. Ella corría el riesgo de ser lapidada si las autoridades llegaban a saberlo. Sin embargo, el ángel se apareció a José y lo puso al tanto de lo ocurrido. José aceptó la situación, y como no quería que lapidaran a María no la denunció. Esta familia, pues, estaba constituida por María, José y su hijo Jesús, cuyo padre no era José. Se piensa que José era mucho mayor que María y que podría haber tenido hijos antes de casarse con ella.
Finalmente, Jesús creció y un día se encontró descansando cerca de un pozo a la entrada de un pueblo. Allí se puso a hablar con una mujer. Durante la conversación, supo que ella tenía varios hijos de seis compañeros diferentes. Jesús no la condenó. Ella se dio cuenta de quién era verdaderamente Él y se convirtió en su discípula. Ella volvió a su pueblo para contar lo que le había pasado.
Comprended bien que no quiero aquí juzgar a los diferentes grupos de personas que viven juntas y forman una familia. Sólo Dios podía leer en el corazón de María y saber que era Su Hijo el que ella llevaba. Dios ha escogido la estructura de la familia humana bajo todas sus formas, en su fragilidad y en su creatividad, para transmitir los conocimientos de Él a través de las generaciones hasta el presente.
Durante los dos mil años transcurridos, cuando la Iglesia, fundada por Cristo para instruirnos, guiarnos y animarnos a caminar siguiendo sus pasos, se ha encontrado disminuida a causa de su propio poder, riqueza y pompa, es la familia, guiada por el Espíritu Santo, la que nos ha ayudado a recuperarnos. En los períodos de opresión y persecución por países extranjeros o regímenes políticos hostiles, la familia ha guardado encendida la llama de la fe en secreto. La prueba la tenemos en nuestros días, en numerosas regiones del mundo, mediante los relatos provenientes de la Iglesia del silencio.
La familia es el elemento más importante de la sociedad, cualquiera que sea su composición. La realidad hoy, igual que en el pasado, es que existen familias constituidas por grupos de personas que no se corresponden con el modelo convencional del padre, la madre y sus dos hijos. Cada familia es preciosa a los ojos de Dios y Él la ama profundamente. Es así desde la creación de la humanidad.
Abrahán, Isaac y Jacob a quienes acabamos de mencionar son los padres de la fe a quienes Dios se manifestó en un principio, y es por ellos y sus familias, de generación en generación, que Él se ha revelado poco a poco y manifestado progresivamente Su voluntad para la humanidad. Dios no los ha excluido porque la estructura de de su familia fuera algo inhabitual o creativa. En Jesús, Dios ha asumido forma humana y ha entrado libremente en una familia humana par ofrecer el último sacrificio, que nos ha salvado y liberado de la esclavitud del pecado. La fe es un don de Dios a todas las personas abiertas a recibirlo. Las bases están puestas en el seno de la familia, las del conocimiento y del ejemplo de una manera cristiana de vivir, bases sobre las cuales el grano de la fe puede cultivarse y crecer.
La familia ideal está constituida por el marido y su esposa que se comprometen de por vida uno con otro ante Dios mediante el sacramento del matrimonio y educan a los hijos hasta el momento de que abandonen el nido. Pero no vivimos en un mundo ideal. Las familias no son perfectas. Sólo Dios conoce el fondo de los corazones. Nuestra esperanza reside en los hijos. Por eso, cada uno de nosotros, casados o no, tíos, vecinos o amigos tenemos la responsabilidad de sostener a la familia y de ayudarla a desarrollarse de todas las formas posibles.”
Traducido del inglés (artículo original de Mary, Irlanda, Provincia de Irlanda)
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